Bandera

Un enjambre empieza con una abeja reina vieja que debe irse, empieza con muchas abejas que ya no tienen lugar. Hace calor y salen con el estómago lleno de miel para soportar un viaje largo y tener energía para construir. Se unen más abejas que alteran el vuelo diario. Las alas son un factor clave, las baten, pero no como cuando son jóvenes y secan la miel del panal. Las baten con violencia y para girar en círculos que chocan los otros círculos que describen los vuelos ajenos pero de la misma especie y de la misma colmena. Esperan la señal que indique el lugar para establecerse.

Hay torbellino de alas, zumbido, la reina en medio, zánganos al sol. La nube gris puede confundirse con la copa de un árbol, es grande y tiene lugares más tupidos y otros donde el color y la luz se dispersan. Pero en Santiago del Estero, en el pueblo de Bandera hay pocos árboles y en esta época del año son verdes. Además, el sol está muy fuerte y es imprudente mirar hacia arriba sólo para admirar lo que está ahí todos los días.

El enjambre toma formas vivas mientras avanza hacia el monte pelado. ¿Hacia dónde? La temperatura sube con el sol en medio del cielo sin nubes. Más ruido, más alas por todos lados que nadie puede ver en la soledad del paisaje, salvo el tipo viejo que vino de visita y da su paseo por el campo.

Lejos de la ciudad, piensa, las cosas son naturales. El sol, el calor insoportable pero que no complica las articulaciones, los árboles cada tanto. Elige uno no tan lejos como próxima parada. Trae un sombrero pero a esta hora no es suficiente, piensa darle un par de tragos al agua que le pusieron en el morral antes de salir de la casa.

Los anteojos se patinan sobre su nariz con la transpiración y el paso irregular sobre el suelo del campo. Acerca la manga para secarse con la tela la piel, pero no puede mover el cuerpo como antes. Suspira, no distingue el zumbido que se acerca desde arriba, desde el aire caliente como un viento en el subte cuando pasa el tren. Se agacha un poco y prueba con la tela de la remera sobre la panza pero en el intento los anteojos caen. Debería haber salido más temprano a caminar pero se quedó escuchando la radio y tomando mate con la sobrina que habla tanto.

Tantea sobre la tierra suelta y los pastos duros un rato, busca el marco grueso con los dedos estirados. El árbol está cerca pero no tanto como para cubrirlo del sol que empeora a cada minuto. Se incorpora aliviado.

Enjambre y hombre se encuentran de pronto en el espacio, en el aire se mueven en un baile tosco. El hombre no tiene alas pero bate los brazos como si quisiera volar con ellas, ser parte de algo hermoso y mas vivo. De lejos podría ser como la semilla del palo borracho que se cubre con una nube traslucida que la protege y la lleva lejos de la planta madre para hacer su vida en otro lado.

Nadie escucha el pedido de auxilio, ni va a contar la cantidad de picaduras que fueron necesarias para causarle un choque anafiláctico, un envenenamiento generalizado cuando salgan a buscarlo pasado el almuerzo, pasada la siesta.